Por las tardes puede haber una tercera casa. Los propietarios le avisan cuándo la necesitan y ella acomoda el trabajo. Calcula unas tres horas por visita y suele ir, como mínimo, tres veces por semana.
Después está la costura. Mientras cose, piensa en la siguiente tarea, en sus hijos, en su esposo y en cómo y de cuánto tendrán que disponer para salir bien ese fin de mes.
Amanda* tiene 40 años, está casada, tiene dos hijos y vive en la cabecera de Chimaltenango. Durante casi 10 años ha limpiado casas, aunque hace un año consiguió mantener simultáneamente los tres trabajos. A la costura le dedica alrededor de 10 horas semanales, según los encargos.
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“Primero empecé a coser, luego salió la oportunidad de las casas como un extra, gracias a Dios”.
Amanda*
Ahora el orden se invirtió. Considera la limpieza como su actividad principal porque es con la que más ingresos percibe. Entre las tres casas recibe de Q1 mil 500 a Q1 mil 800 mensuales. Las costuras pueden dejarle aproximadamente Q1 mil más. Para ella, lo importante es saber que al final del mes contará con ese dinero.
En una semana habitual dedica unas 24 horas a limpiar y otras 10 a coser. Esas horas no incluyen el trabajo que hace cuando regresa a su casa. Las tareas del hogar y el acompañamiento a su hijo de 12 años con los deberes escolares. Sus hijos colaboran. Su esposo trabaja fuera de Chimaltenango y vuelve los fines de semana.
Amanda tiene varios trabajos, pero ninguno ocupa por sí solo toda su jornada.
Los cálculos equivalen a entre el 8.9% y el 9.9% de los ocupados. Es alrededor de uno de cada 10 trabajadores. El Instituto Nacional de Estadística (INE) confirmó a Prensa Libre que es correcto utilizar el factor de expansión de la encuesta para estimar cuántas personas, además de su ocupación principal, tenían otro trabajo, una actividad agropecuaria, un negocio o una empresa.
Las cifras corresponden a estimaciones trimestrales y no deben sumarse como si se tratara de personas diferentes a lo largo del año. La encuesta puede contar cuántos son, pero no pregunta de manera general por qué se dedican a otra actividad.
Amanda sí puede explicarlo desde su experiencia. La limpieza le garantiza un ingreso que considera relativamente seguro. Si un feriado impide que llegue a alguna casa, normalmente repone el día y recibe el dinero completo al final del mes. No tiene prestaciones ni afiliación al Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) por esos trabajos.
Aun así, tampoco responde de inmediato que cambiaría todo por un único empleo que le pagara los Q2 mil 500 o Q2 mil 800 que obtiene al combinar limpieza y costura. “Es de pensarlo”, responde.
Puede cambiar un día si surge algún inconveniente, estar pendiente de sus hijos y organizarse para acudir a una cita médica, aunque le gustaría tener IGSS. Para ella, la cobertura de salud tiene un peso particular: sobrevivió al cáncer y todavía debe acudir a controles. Aunque sus medicamentos están cubiertos, la familia paga los traslados para esas citas. Al mismo tiempo, valora que sus trabajos le permitan acomodar los horarios cuando necesita atenderse.
“En resumen, yo hago mi horario”.
Amanda
La limpieza de viviendas es una de las actividades que algunas personas combinan con
otros trabajos para complementar sus ingresos.
(Foto Prensa Libre: Shutterstock).
La segunda actividad cambia según el lugar
El promedio nacional esconde otra diferencia. Al promediar los cuatro trimestres del 2025, la segunda actividad alcanzó al 6.9% de los ocupados del área urbana metropolitana, al 9.6% del resto urbano y al 10.7% del área rural. Es casi uno de cada 15 ocupados en el área metropolitana y uno de cada nueve en el área rural.
El INE calculó los intervalos de confianza y determinó que los correspondientes al área urbana metropolitana y al área rural no se traslapan en ninguno de los cuatro trimestres. La diferencia, según la institución, no responde únicamente al azar de la muestra.
Javier Eugenio Incer, economista e investigador especializado en dinámicas rurales y economía campesina, plantea tres explicaciones que pueden operar al mismo tiempo.
Una es el calendario agrícola, porque la siembra y la cosecha no distribuyen el trabajo de manera uniforme durante el año. La otra es el ingreso. Cuando la actividad principal genera pocos recursos, otra fuente puede ayudar a sostener el hogar.
La tercera es que en el campo esa actividad adicional muchas veces ya existe en una parcela, la crianza de animales, una tienda o la venta de productos.
Luis Linares, de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (Asíes), habla de “poliactividad” para describir a pequeños productores que también trabajan para otras personas y a familias que combinan agricultura, comercio, ventas u otras labores.
Esa multiplicidad también refleja un mercado laboral segmentado, donde conviven empleados públicos y privados, jornaleros, trabajadores por cuenta propia, agricultores, trabajadores domésticos y familiares no remunerados.
Luis Linares, analista de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales.
Los resultados de la ENEIC para el primer trimestre del 2026 muestran que el 64.9% de la población ocupada trabajaba en la informalidad, frente al 65.6% registrado al cierre del 2025. En el área rural, la proporción alcanzaba el 75.6%.
El subempleo visible —personas que trabajan menos horas de las habituales, desean trabajar más y están disponibles para hacerlo— pasó del 13.3% al 12.9% entre ambos trimestres.
Milton* conoce varias de esas actividades. Tiene 23 años. Su pareja, su hijo y sus padres viven en San Pedro Jocopilas, Quiché. Él trabaja ahora en una tienda de productos de consumo diario en la capital de la República.
Su jornada empieza a las 7 de la mañana y termina a las 9 de la noche. Tiene una hora para almorzar y descansa un día a la semana. Son unas 13 horas efectivas por jornada.
Milton duerme en el lugar donde trabaja, recibe dos tiempos de comida y paga el tercero. Estar allí, comenta, también le permite comenzar a tiempo al día siguiente.
Su sueldo es de Q3 mil 500 mensuales y envía cerca del 70% a su familia.
“Me vine a Guate porque no me pude ir a los Estados Unidos”.
Milton.
Cuando se le pregunta qué le faltaba en su lugar de origen —empleos, mejores salarios, trabajos permanentes o suficientes horas—, responde con una palabra: “Todo”.
Pero encontrar empleo en la capital no hizo desaparecer los otros trabajos.
Cuando conocidos de su patrono necesitan trabajos de albañilería, acepta los encargos. Cobra Q100 por hora. Pueden surgir entre uno y cuatro encargos en un mes y los hace en su día libre o después de las 9 de la noche. Procura que no duren más de dos horas.
Cada 20 o 25 días, más o menos, o cuando consigue permiso, regresa a Quiché. Allí cultiva, vende, atiende la tienda familiar, compra productos y los transporta.
La tienda deja alrededor de Q2 mil 500 mensuales y la atienden su esposa, su madre, su hermano y, algunas veces, su padre. La familia también cultiva maíz y frijol y, en menor escala, algunas hortalizas. Una parte de la producción se consume en casa y otra se vende.
Si pudiera ganar allá lo mismo que obtiene en la capital, Milton asegura que regresaría. Eso no significa que dejaría la agricultura o la tienda.
“Porque es nuestra forma de vida”.
Milton
Las ventas por cuenta propia son parte de las actividades que pueden coexistir con una ocupación principal.
Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL.
No todas las segundas actividades son iguales
Los microdatos ayudan a entender por qué Amanda y Milton caben en una misma respuesta y, al mismo tiempo, trabajan de maneras tan diferentes.
En el cuarto trimestre del 2025, alrededor del 57% de quienes se dedicaban a una segunda actividad trabajaban por cuenta propia en ella, ya fuera en actividades agrícolas o no agrícolas. La agricultura representaba alrededor del 36% de las segundas labores.
No siempre se trata de un empleado que sale de una empresa para entrar en otra.
Puede ser empleo y negocio, salario y parcela, limpieza y costura, comercio y albañilería. También cambia el tiempo.
El INE confirmó que es metodológicamente válido sumar las horas efectivas de las ocupaciones principal y secundaria. El resultado nacional ronda las 53 horas semanales.
Los datos de la ENEIC del tercer trimestre del 2025, presentados en la infografía de este reportaje, permiten observar otras características de quienes reportaron una segunda actividad. De los 783 mil 407 ocupados en esa condición, el 65.5% eran hombres y el 34.5%, mujeres.
La información también muestra diferencias según la edad y la posición ocupacional. Estos datos describen la composición de quienes tienen una segunda actividad, pero no permiten determinar las razones individuales para mantenerla.
Andrely Cisneros, del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac), plantea que la discusión no debería limitarse a cuántos trabajos tiene una persona, sino también al tiempo que necesita dedicar al trabajo para alcanzar determinado ingreso.
Jornadas extensas o fragmentadas reducen el tiempo disponible para otras actividades.
“Tener más de un trabajo en Guatemala no implica necesariamente una mejor inserción laboral; muchas personas combinan distintas fuentes de ingreso en un contexto de bajos salarios, subempleo e informalidad”.
Andrely Cisneros, del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac)
Luis Linares advierte de que acumular jornadas extensas puede traducirse en menos tiempo para descansar, convivir con la familia o atender a los hijos, con una carga adicional para muchas mujeres, que después del trabajo remunerado continúan con las tareas domésticas.
Amanda muestra una forma. Milton, otra. Solo su ocupación principal supera ampliamente el promedio de horas acumuladas entre quienes reportan una segunda actividad.
¿Qué ocurre con las jornadas de quienes tienen dos trabajos?
Tener dos trabajos no implica que las horas de ambos se sumen para establecer una infracción laboral.
Guillermo Gándara, abogado especialista en Derecho del Trabajo y Normas Internacionales del Trabajo, explica que los límites legales de jornada se aplican a cada relación entre trabajador y empleador.
Si ambos patronos cumplen esos límites, la acumulación de horas no constituye por sí misma una falta laboral.
El problema, señala, puede trasladarse al descanso y a la salud física y mental.
La protección también cambia cuando la segunda actividad es informal o por cuenta propia, pues esta no representa por sí misma prestaciones o seguridad social.
La legislación sigue diseñada principalmente alrededor de la relación tradicional entre un trabajador y un patrono.
Guillermo Gándara, abogado especialista en Derecho del Trabajo y Normas Internacionales del Trabajo.
Puestos de trabajo no equivalen a trabajadores
Otra forma de observar la estructura laboral es mediante la Matriz de Empleo e Ingresos del Banco de Guatemala.
En el 2024, el Banguat contabilizó 7.96 millones de puestos de trabajo en actividades de mercado. De estos, 3.55 millones eran asalariados, 3.39 millones independientes y poco más de un millón correspondían a trabajadores no remunerados.
Jorge Benavides, investigador asociado de la Fundación para el Desarrollo de Guatemala (Fundesa), advierte de que puestos de trabajo y trabajadores no son equivalentes.
Una misma persona, añade, puede ocupar más de un puesto, de forma simultánea o en distintos momentos del año.
También señala que el IGSS reportó 1.66 millones de afiliados cotizantes en el 2024. Esa cifra corresponde a personas afiliadas, mientras que el Banguat contabiliza puestos de trabajo.
Una de las principales razones para combinar actividades es obtener ingresos complementarios para el hogar, algunos constantes y otros estacionales.
Jorge Benavides, Fundesa
La distinción entre personas y puestos es importante para interpretar las cifras: la ENEIC permite estimar cuántas personas reportan otra actividad, mientras que la matriz del Banguat contabiliza puestos de trabajo bajo su propia metodología.
Cuando las empresas buscan personal y los trabajadores combinan actividades
Desde la perspectiva de la contratación empresarial, ManpowerGroup Guatemala también observa que algunas personas combinan empleos con emprendimientos u otras fuentes de ingreso.
Julio Ramírez, country manager de ManpowerGroup Guatemala, señaló durante la reportería que cada vez es más común encontrar candidatos que combinan un empleo formal con emprendimientos.
La firma también reportó dificultades de contratación entre empleadores. Según la información proporcionada, el 62% indicó problemas para encontrar el talento que necesita.
Ramírez relacionó esas dificultades con factores como las competencias, la experiencia y la disponibilidad de candidatos, además de las condiciones que influyen en las decisiones laborales.
La experiencia de Amanda permite observar otra dimensión de esas decisiones: la flexibilidad.
Aunque carece de prestaciones e IGSS en sus trabajos de limpieza y costura, puede modificar horarios para atender a sus hijos o acudir a sus controles médicos. La posibilidad de organizar su tiempo influye en cómo valora sus ocupaciones.
“Cada vez, más candidatos mezclan empleo formal con emprendimiento”.
Julio Ramírez, country manager de ManpowerGroup Guatemala.
Después de ocho horas
Rafael* vive una tercera forma de sumar ingresos. Es empleado del Estado en el sistema de justicia, donde se dedica a entregar notificaciones. Su sueldo supera los Q8 mil mensuales y cumple una jornada de ocho horas.
Cuando termina, su trabajo no siempre concluye. Tiene una motocicleta con la que entrega encomiendas o hace carreras como taxi, y calcula que puede obtener unos Q3 mil 800 mensuales adicionales.
Ya lo hacía antes de comprar su vivienda. Ahora paga una deuda hipotecaria que casi llega al millón de quetzales y se extiende por más de 20 años. También sostiene, junto a su familia, los gastos de seis personas y los estudios de sus hijos.
Rafael cuenta que seguirá haciendo entregas y carreras mientras los hijos estudien y pueda apoyarlos para llegar a la universidad.
Su caso muestra que la segunda actividad no pertenece únicamente a quienes reciben los salarios más bajos. También aparece cuando un ingreso estable debe alcanzar para compromisos que se prolongan por años.
La ENEIC identifica personas con otra actividad entre trabajadores cuya ocupación principal es formal o informal y en distintos niveles de ingreso.
En los tres casos de este reportaje, el dinero está presente, aunque de distinta manera.
Amanda busca llegar al final del mes con un ingreso que pueda prever. La limpieza y la costura se complementan, aunque ninguna le ofrece prestaciones. A cambio, conserva algo que también necesita: disponer de tiempo para atender a sus hijos y acudir a sus controles médicos.
Milton trabaja casi todo el día en la capital, acepta albañilería cuando aparece y, cuando vuelve a Quiché, se incorpora a la tienda y a la agricultura de su familia. Buena parte de su sueldo viaja con él de regreso, aunque él permanezca trabajando lejos.
Rafael termina ocho horas de jornada y todavía encuentra otra parte del día para la motocicleta. El dinero adicional tiene destinos concretos: la casa, los gastos familiares y la posibilidad de que sus hijos continúen estudiando.
Linares considera que detrás de muchas de estas combinaciones está la necesidad de obtener ingresos que una sola actividad no alcanza a proporcionar.
Jorge Benavides, investigador asociado de Fundesa, sostiene que la principal razón para combinar actividades es obtener ingresos complementarios para el hogar, algunos constantes y otros estacionales.
La ENEIC no permite establecer que esa sea la razón de todas las personas que reportan una segunda actividad. Sí deja una constante: durante el 2025 fueron más de 700 mil en cada trimestre.
Amanda arma su semana entre casas y costuras. Milton encuentra horas incluso después de una jornada que comenzó por la mañana. Rafael vuelve a trabajar cuando sus ocho horas ya terminaron. No llegan a la segunda actividad por la misma ruta.
La encuesta puede contar cuántas personas se dedican a más de una actividad. Sus historias muestran que detrás de esas horas adicionales hay comida, estudios, una vivienda, atención médica o dinero que debe llegar a otra casa.
Guatemala tiene una población proyectada de más de 18.3 millones de habitantes. Se calcula que más de tres millones de guatemaltecos viven en Estados Unidos.
Las fuentes consultadas señalan la obtención de ingresos como una de las principales razones para combinar actividades. La historia de Milton muestra también que migrar puede aparecer como otra opción.
Los nombres de Amanda, Milton y Rafael son ficticios.
